‘Trabajos y días’, nueva partida de ‘Bellvitge rol en vivo’

Cartel-Trabajos-y-dias_web La identidad de Bellvitge está ineludiblemente ligada al trabajo de un modo u otro. La próxima partida de Bellvitge rol en vivo, que jugaremos el próximo sábado 13 de junio, trata sobre eso, sobre el trabajo y los días. El propio origen de Bellvitge —y de tantos otros polígonos de vivienda de las periferias urbanas en todo el estado español— está vinculado a los millares de personas que emigraron en los 60 y 70 hacia los núcleos urbanos para trabajar en las fábricas. En ese momento histórico, en el cinturón industrial de Barcelona, resurge un movimiento obrero ahogado durante décadas por el franquismo. Sin embargo, existe otra esfera del trabajo, principalmente feminizado, que no figura en las crónicas y que no se reconoce suficientemente como un elemento esencial en la constitución histórica de Bellvitge: toda la ingente cantidad de trabajo que las mujeres realizado en el ámbito doméstico —tanto el trabajo reproductivo y de cuidados como el trabajo productivo sumergido y externalizado por las empresas—.

En Trabajos y días queremos construir colectivamente un relato sobre esta cuestión y os invitamos a acompañarnos el sábado 13 de junio a las 11:30h en el Mercado Viejo de Bellvitge y jugar con nosotrxs. De nuevo contaremos con la colaboración del grupo de mujeres de la Parroquia Mare de Dèu de Bellvitge, a las que en esta ocasión se unirá el grupo de teatro del Akelharre Jove y la Asociación de Vendedores del Mercado Municipal de Bellvitge. Como siempre, contaremos con la colaboración del Club de rol Necronomicon’s y además, en esta ocasión, la partida coincidirá con la ya tradicional Festa del Sol organizada por diversas entidades del barrio: AVV de Bellvitge, Tallers Bellvitge, Comissió de Festes de Bellvitge – La Marina, Kampi ki pugui y la Saboga. A continuación os dejamos una introducción más extensa de la escena en la que desarrollamos algunos puntos señalados más arriba:

Hoy es 1 de agosto de 1979. Manuel López Lozano, primer alcalde democrático de Abrera, una pequeña población del Baix Llobregat, se encuentra en estos mismos instantes hospitalizado. Sufre daños probablemente irreparables en la médula espinal causados por un disparo, cuentan que accidental, efectuado por un agente de la Guardia Civil. El desafortunado hecho se produjo dos días antes, cuando Manuel intercedía entre los trabajadores de la empresa K-Mobel y la Guardia Civil: Al llegar a la fábrica encuentra las naves rodeadas por unos 30 efectivos del cuerpo. En el interior, los trabajadores retienen a dos administrativos y al gerente de la empresa como medida de presión para que les sea abonado el sueldo de tres semanas y la paga de julio. Manuel consigue que los trabajadores liberen a los rehenes y que el gerente se quede voluntariamente para solucionar el problema. Se comunica también, por teléfono, con el Comandante de la Guardia Civil, quien le asegura que ha dado orden a sus efectivos de que abandonen el lugar. Mientras transcurre esta conversación telefónica un agente dispara accidentalmente su fusil mientras intenta forzar una puerta de entrada y hiere gravemente al alcalde.

Al día siguiente se produjeron en todo el Baix Llobregat diversas acciones de repulsa por los hechos. La incerteza sobre el estado de Manuel López Lozano, miembro del Partido Comunista y de CC.OO., así como las informaciones imprecisas sobre los motivos del altercado han tensionado el ambiente en todo el cinturón industrial de Barcelona. En Abrera hubo una auténtica huelga general y en toda la comarca se produjeron paros y asambleas. En la factoría de SEAT, con 30.000 trabajadores, muchos de ellos vecinos de Bellvitge, se organizó una asamblea informativa en la que participó un concejal de Abrera.

La masiva y contundente respuesta social al incidente de Abrera constituye una prueba del compromiso político y el papel relevante de los movimientos obreros, en solidaridad y simbiosis con el asociacionismo vecinal, durante el período de transición democrática. Este papel es a menudo relegado a un segundo plano en los discursos preponderantes sobre la transición democrática y quizás aún no se ha profundizado suficiente en su estudio. Barris, veïns i democràcia (L’Avenç, 2014), escrito por el periodista e historiador Marc Andreu, constituye, por ejemplo, uno de los esfuerzos recientes para recuperar esta memoria en la ciudad de Barcelona.

El día anterior, CC.OO., UGT y CSUT han convocado para hoy, en toda Catalunya, un paro de cuatro horas con asamblea que en diversos casos terminará con concentraciones delante de los ayuntamientos. Los trabajadores de SEAT y otras importantes empresas de la Zona Franca atraviesan Bellvitge camino del de Hospitalet. Un grupo de trabajadores, vecinos de Bellvitge, comenta el incidente cuando advierten, a su paso por el mercado, que una mujer discute acaloradamente con un joven. Se acercan para ver qué sucede: al parecer el joven trabaja para una empresa textil, cada semana llega al barrio con su furgoneta para entregar piezas de ropa que la mujer coserá en casa y recoger las piezas ya terminadas. El joven le ha comunicado una rebaja en el precio que la empresa pagará por cada pieza cosida, lo que ha suscitado las protestas de la mujer ¿Cómo terminará la discusión?

En los 70, los bajos salarios obligaron a muchos trabajadores a hacer una gran cantidad de horas extra, en muchos casos para poder pagar las hipotecas de los pisos adquiridos en barrios y polígonos de vivienda como Bellvitge. Las mujeres, mayoritariamente dedicadas al trabajo doméstico, reproductivo y de cuidados, se integraron también en la producción como fuerza de trabajo externalizada, casi siempre en condiciones de extrema precariedad, sin garantías sociales y sin posibilidad de organizarse colectivamente. Coser o rematar ropa, pieles o pedrería, ensobrar cromos, montar hebillas de cinturones, bolígrafos, pintar Airgam Boys, soldar circuitos electrónicos… las más variopintas tareas que podían realizarse en casa, fuera de las fábricas y talleres. Podríamos entender esta fragmentación del proceso productivo, así como la precarización y el aislamiento de las trabajadoras, como una expresión post-fordista del sistema capitalista, que avanzaba ya en los años 70 un modelo y unas formas de subjetividad ampliamente extendidas en la actualidad. No obstante, estas formas de trabajo y explotación fueron omitidas por las corrientes principales del movimiento obrero y no se hizo ningún esfuerzo por analizar el fenómeno y luchar por la mejora de las condiciones laborales de estas mujeres.

Por otra parte, se ha estudiado extensamente la historia de los movimientos obreros y el sindicalismo en Catalunya. El propio movimiento obrero, asociado al trabajo fabril realizado mayoritariamente por hombres, dispone de instrumentos para preservar su memoria. Sin embargo, el trabajo necesario para la propia reproducción social realizado por las mujeres, que incluye la atención y los cuidados, la educación y el apoyo afectivo, el mantenimiento de los espacios y los bienes domésticos, no sólo carece de un reconocimiento económico, sino que carece también de una memoria y un relato socialmente compartido. En las ocasiones en que se visibiliza el papel de las mujeres en el barrio —con motivo del 8 de marzo, por ejemplo— se valora su abnegación y sacrificio, sin entrar a denunciar los mecanismos de dominación que condicionaron —y condicionan— la vida de las mujeres y por los que se vieron forzadas a ‘sacrificarse abnegadamente’ por sus maridos e hijos.

A su vez, la memoria del movimiento obrero tiene sus propias lagunas: uno de los fenómenos quizás menos reconocidos de aquella época a la que hace referencia la escena Trabajos y días, en que se consolidaron las formaciones sindicales tal y como las conocemos hoy en día, es el del autonomismo obrero. El Baix Llobregat fue uno de los puntos de todo el estado español en el que más relevancia alcanzó este movimiento a través de los GOA (Grupos Obreros Autónomos). En el libro Luchas autónomas en los años setenta publicado por la editorial Traficantes de Sueños en 2008, Felipe Pasajes firmaba un extenso artículo titulado Arqueología de la autonomía obrera en Barcelona (1964-1973) en el que relata los orígenes y la evolución del movimiento. El autonomismo sería definitivamente liquidado en 1980 —menos de un año después de los acontecimientos que se reconstruyen en Trabajos y días— con la firma del Estatuto de los trabajadores por parte de los sindicatos mayoritarios y que refrendó la muerte legal de las asambleas autónomas.

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