Lachó bají

El viernes 7 de noviembre de 2014 participamos, en colaboración con la Asociación Lachó Bají Calí, en la segunda edición de la NOCHE del MACBA, que tuvo por título El sol cuando es de noche y fue comisariada por el artista Pedro G. Romero.

Lachó bají (La buena suerte) fue nuestra propuesta para este evento que ideamos en colaboración con la Asociación Lachó Bají Calí (La buena suerte gitana) tras varios encuentros, reuniones, entrevistas a vecinos y vecinas, etc. y consistió en un paseo por el territorio que habitó la comunidad gitana del barrio El Gornal (L’Hospitalet) desde principios de los años 60 hasta principios de los 90, viviendo en barracas autoconstruidas primero y en casas prefabricadas más tarde, en el asentamiento informal conocido como La Cadena o Polígono Pedrosa, ubicado entre las barriadas de Can Pi y La Bomba. Un territorio por el que actualmente se extiende el Distrito económico-Gran Via de L’Hospitalet: un conjunto de edificios de oficinas, centros comerciales y hoteles de lujo aglomerados en torno a la actividad del recinto ferial Gran Via de la Fira Barcelona.

En nuestro paseo nos acompañó el grupo Los Barraconeros —formado por Juan Luís Fernández Gómez El Piki, Manuel Gómez Cortés El Sepo y Lázaro Márquez Cortés El Negro, miembros los tres de Lachó Bají Calí—, que interpretaron en los lugares vinculados a ese pasado que proponíamos rememorar, canciones y cantes que evocaban aquel tiempo. Asimismo, durante el paseo repartimos entre quienes nos acompañaron, diversos textos e imágenes que recogen testimonios de los antiguos habitantes de La Cadena, hacen referencia al desarrollo del actual Distrito Económico o a la escuela Lachó Bají, que fue la primera institución oficial asentada en el lugar —puedes ver las tarjetas al final de la entrada—.

Apenas nada queda de aquel tiempo, la memoria de la comunidad gitana que habitó entonces ese territorio carece de referencias materiales, han sido borradas por un modelo de ciudad supeditado a la lógica de los flujos económicos. Aún así visitamos los restos mínimos, las trazas casi invisibles de esa memoria: una masia reconvertida en las oficinas del Consorcio para la reforma de la Gran Via en L’Hospitalet; un solar vacío que otrora fuera lugar de paso hacia los sitiales en los que se seleccionaban los desperdicios de la ciudad y de vuelta hacia los barracones, de los que ahora sólo quedan unas pocas baldosas ocultas por la maleza incontrolada, junto un hotel de cuatro estrellas; baldíos cercados, propiedad de grandes grupos inversores que no llegaron a construir a tiempo, antes de que estallara la burbuja inmobiliaria; y el lugar donde se encontraba la Escuela Puente a la que asistieron varias generaciones de habitantes de los barracones —la escuela Lachó Bají— que estuvo situada en lo que ahora es la puerta principal de entrada al recinto ferial.

El nombre de la asociación: Lachó Bají Calí, esas palabras, aunque incorpóreas, son también un lugar de memoria, quizá el único que une explícitamente el presente de la comunidad gitana del Gornal con su pasado.

 





 

 

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